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miércoles, 4 de enero de 2017

Sobre la juventud

Para que exista evolución cultural es necesario que exista contracultura. La contracultura solo puede ser impulsada por los jóvenes.  Sartre incluso llego a afirmar cuando vio a los revolucionarios cubanos bajar de las serranías, que las revoluciones, solo pueden ser hechas por jóvenes. Allende, a quien la historia le absolvió y elevado, señalo en algún momento de su vida, que “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

La juventud es un periodo de tiempo inagotable. Si bien el cuerpo envejece, los espíritus pueden permanecer jóvenes, hasta el agotamiento del ser. Pero más allá del iluminista significado de esa tesis, se podría entender la juventud como un periodo bastante corto de tiempo, con más bajas que altas y con más amargos que dulces.

La juventud permite cometer errores hasta inocentes. Poseer y tener pensamientos e ideas que rayan en la fe, e incluso, embarcarse en causas perdidas o abstractas. La juventud es un espacio para el crecimiento que nunca, históricamente hablando, había sido tan largo como en nuestros días.
Ahora bien, si la juventud está repleta de errores y fallas, ¿Por qué el pensamiento universalista nos los hace pasar como indispensable para hacer la revolución o incluso, clase elegida para lograr la revolución?

Inicialmente porque  todo proceso revolucionario es por axioma, transformador, y lo común es que una persona mayor, o de espíritu avanzado, sea conservadora. Ciertamente un conservador puede tener 18 años de edad u 81 años, es irrelevante, pero un revolucionario, necesita la fuerza física, moral y espiritual para cambiar el mundo que solo se encuentra en la juventud.

Cuando estudiamos la historia, ninguna revolución socialista se ha hecho con sangre vieja. La revolución Mexicana, la Ruso-Soviética, la Germánica, la Checa, la Indochina, la China, la Camboyana, la Cubana, la Venezolana-Bolivariana y un largo etcétera, fueron realizadas por los jóvenes. Sí, pensadas por los viejos, por los iluminados, por Lenin, Mao, Ho Chi Ming, Maneiro, pero ejecutada por hombres y mujeres jóvenes que incluso, llegaron a sufrir aquello contra lo combatían.

Podríamos parafrasear aquel famoso aforismo filosófico y decir, los jóvenes hacen lo que los viejos han pensado. O como cantaría Alí Primera, sangre joven, sueño viejo.
Ahora bien, al igual que la revolución, el tiempo no se detiene. Por consiguiente, cuando triunfa una revolución, los jóvenes que se pusieron al frente de ella, envejecen. Cambian el mundo en el proceso, pero envejecen. Es muy difícil, casi imposible, no hacerse conservador de los logros de una revolución.

Por ejemplo, la sociedad venezolana de los años 60’s estaba profundamente enamorada del voto popular, algo que se logra tras la dimisión de Marcos Pérez Jiménez, es decir hubo una revolución que suscitó un hecho extraordinario. Pero la generación de los 70’s, 80’s y 90’s apenas si entendía la importancia del voto popular y apenas si ejercía ese deber-derecho.
La revolución es un proceso dialectico, inagotable y enteramente moldeable. Esa situación genera una dificultad identificada por Ernesto Guevara de la serna; cuando lo extraordinario se hace cotidiano, estamos haciendo revolución.

El objetivo de toda revolución es, entonces, alcanzar lo extraordinario. A mi entender –con 26 años de edad- ver en Venezuela, milagros cómo la Gran Misión Vivienda Venezuela, o los sistemas de protección al pueblo en cuanto a salud y economía, los eventos políticos tan apasionantes, la apertura al pueblo al poder político-moral-histórico, es abrumadoramente extraordinario. Ser testigo de cómo Pablo Pueblo y María Aguirre cogen un micrófono de TV y arman un reportaje que es transmitido, o como impulsan un sistema tan revolucionario –en la condición más estricta de la palabra- como los CLAP, o pueden aspirar a concejalías y diputaciones de orden no burgués sino popular, o como sus hijos y ellos mismos poseen el arma más eficiente para quebrantar el imperialismo, la tecnología, es abrumadoramente extraordinario.

Quizá el día a día no nos permita ver eso, no nos permita apreciar lo increíble que es ir a un consultorio médico en el barrio donde moramos cuando hace apenas 20 años –una generación según Strauss- moría en las puertas de un hospital. Sin embargo, cuando reflexionamos cosas tan simples como esas, cuando hablamos de la congelación de salarios y las comparamos con el sistema de protección al mismo implementado hoy día, o la transformación educativa, podemos incluso llegar a perder la respiración, a necesitar un momento para sentarnos y pensar.

Sí, es extraordinario. Pero, ¿Para quién es extraordinario?  Los metodólogos y los reduccionistas suelen aplicar una norma con la que no estoy muy de acuerdo para señalar lo que es extraordinario. Según indican, “Todo aquello que impacte profundamente la vida de una generación, es extraordinario-.  Esta estructura de pensamiento no solo es enteramente positivista, sino que también niega profundamente el materialismo dialectico y por consiguiente la importancia de la lucha de clases dentro de lo que es extraordinario.

¿Para quienes es más extraordinaria la invención del teléfono, para un campesino en quien sabe que rincón del mundo, o para un burgués en la Gran Manzana? Si bien, el burgués le dará un uso mayor y probablemente cambien el mundo con el teléfono, la invención, la extraodinialidad, es más grande siempre, para quien no disfruta inicialmente del progreso, para quien no ve inicialmente lo extraordinario.

Es por eso que no se puede acoplar en una misma generación lo que es extraordinario. Personalizando nuevamente, para mí, hijo de obreros es impresionante tener una computadora al alcance de mis manos otorgada además por el Estado. En cambio, para Juan, hijo de directores, burócratas o –inserte título parasitario aquí- es algo común.

Es por tal motivo que toda revolución tiene adversarios, tiene contra revolucionarios. Aquel que no es tocado por lo extraordinario, es un conservador contrarrevolucionario, aquel que ha sido tocado por lo extraordinario pero aun así adversa a la revolución, es un desclasado.

Es entonces que el proceso revolucionario se hace más complicado de seguir. Una generación ve y vive lo extraordinario creado por la revolución, más específicamente, un grupo de esa generación. Lo siente, lo percibe, es parte de eso. Por consiguiente defiende esos logros, defiende esa revolución, y si no concibe la manera de revolucionar la revolución, se convierte en un conservador para quien la revolución, es estática; mata a la revolución y a sus propios logros.

Cuando aparecen las nuevas generaciones surge la disyuntiva, disfrutan los beneficios de la revolución, disfrutan de lo extraordinario, y para ellos incluso más que cotidiano, es común; es ordinario. Ciertamente, algunos miembros de las nuevas generaciones pueden llegar  a apreciar los logros extraordinarios de las generaciones anteriores, incluso defenderlos, pero sensitivamente es imposible que logren comprenderlos en pleno.

El mejor ejemplo que hemos tenido de esto, pudo haber sido la llamada primavera de Praga. Ciertamente fue impresionante ver a una generación entera, levantarse contra lo que sus padres y abuelos, con enorme sacrificio, habían logrado.

Solemos criticar mucho a los jóvenes por no identificarse como conjunto pleno con los procesos revolucionarios anteriores a ellos. Sin embargo, eso también sería negar la dialéctica misma de una revolución. Recordemos, los procesos revolucionarios son atemporales, por consiguiente, no podemos sentir jamás lo mismo, más allá de la admiración inagotable, que un americano mientras Bolívar erigía el proyecto Mirandino. No podemos pedirle jamás, a un joven venezolano, que sienta el mismo ardor en el pecho cuando se habla de los salarios congelados, de los niños muertos a las entradas de los hospitales, o de los comités de los bachilleres sin cupo, simplemente porque esa no es su realidad, no podemos exigírselo ni a esos jóvenes que contradiciendo su impulso dialectico, reconocen los logros de la revolución y se unen a su continuidad y evolución, especialmente no podemos pedírselo a ellos.

Sería absurdo negar que en Venezuela hay una marcada división política en los jóvenes. La oposición venezolana, haciendo uso de estrategias sociológicas, ha sabido engañar a la mayoría de los jóvenes para que se conviertan en defensores de aquello que ya fue superado y vencido, les han convertido en portadores de banderas rotas.

Ahora bien, ninguna bandera rota puede ser levantada nuevamente, es políticamente inviable. Cuando una idea es fracturada, pasa a ser referencia, historia, más no forma. Es tan inviable señalar que el marxismo-leninismo o el socialismo en un solo país es la vía por la cual todos debemos caminar, como que la democracia representativa es la esperanza en la caja de pandora.

Esa estrategia ha logrado socavar el espíritu joven que por motivos históricos, la oposición tenía ganada. Han impulsado el postmodernismo, la aldea global, la igualdad dentro de la diferenciación, y la etnofagia creando una especie de Golem, una masa sin alma y sin posibilidades de vivir más allá de la colocación del papel en la boca.

En cambio, la revolución bolivariana ha captado el brillo de esa generación, la que a mi entender, tiene más posibilidades de lograr lo imposible que ninguna otra. La ha cuidado, cultivado y trabajado lo suficiente, como para que se convierta en la flor que se levante para deslumbrar a los pueblos del mundo.

Más allá de sentarnos a criticar, a veces desde torres de marfil ideológicas, lo que pasa con nuestra juventud –de la cual a pesar de mi edad las condiciones antropológicas me separan-, debemos entender lo que pasa allí, ¿No fueron los jóvenes hermanos de los jóvenes que hicieron la revolución los que derrocaron a Plot Plot? ¿No fueron jóvenes los que iniciaron las oleadas de balsas a Miami? Por muy cínico que parezca, debemos aceptar que cada revolución pierde una parte de las generaciones noveles, de las generaciones que no hicieron la revolución, sin embargo, como ella misma, la juventud es inagotable, por consiguiente, 3 jóvenes que comprendan, defiendan y hagan evolucionar los procesos revolucionarios, son mucho más, que 10 apáticos que piensen en irse del país.

Recordemos el poema de Dalton en plena primavera de Praga si, decepcionemos a veces sí, lleguemos incluso a sentir indignación, es cierto, pero también recordemos, que las alamedas que construimos, no son para que caminen nuestros hijos, sino para que caminen nuestros nietos. Esa es la esencia de la revolución.    

Fex López Álvarez. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

Asi lo veo yo

El shock como herramienta contra los pueblos y la guerra de tres frentes. O, Apología del romance de los tres reinos. 

Por Fex Lòpez Àlvarez


Yo nunca llegue a pensar que se recrearía en nuestro continente, una comedia basada en aquella joya de la vieja literatura China.

Mientras escribo estas líneas salgo del profundo estado de abstracción en el que me ha dejado el golpe de estado parlamentario que se ha dado en Brasil. Me sigue pareciendo increíble lo que ha pasado, muy a pesar de saber de antemano que esto es lo que iba a ocurrir. E eso es lo que realmente me aterra.

En 1930 Hitler –más Joseph Goebbels que Hitler.- fue promotor de la llamada política del Shock, la cual usó magistralmente para hacerse con la chancillería alemana, y que extendió al campo militar con la llamada Guerra Relámpago con la cual se anexó la mitad de Europa. Luego de la guerra, todo grupo político, todo estado, y todo movimiento conspirativo, ha usado esa misma estrategia para garantizar la satisfacción de sus intereses políticos u economicos.

El Shock como arma política se sustenta en alimentar un miedo o generar una matriz informativa en la opinión en las poblaciones, de tal magnitud, que los grupos políticos que la impulsan pueden actuar en absoluta libertad para tomar lo que desean sin las repercusiones propias de la conciencia colectiva.

Para el nacionalsocialismo alemán el shock se sustentó en la traición de las castas políticas en conjura con la etnia judía en pleno. Para el complejo militar-industrial norteamericano, se trataba de la amenaza comunista y el dichoso reloj del día del juicio final. En Venezuela fue la famosa imagen de los “pistoleros de Puente LLaguno” y en Brasil, el escándalo de corrupción más la –odio decir esto- magnifica manera en la cual se trasmitió el golpe de estado por los medios de comunicación dándole un matiz de legalidad y fineza, más grande que el que se dio cuando destituyen al presidente Lugo del Paraguay de la misma manera.

Así asistimos a los modernos golpes de estado, frente a una televisión y en Shock.

Momento… ¿He mencionado a Venezuela?

Mientras veo la embestidura de Michelle Temer, me gustaría recordarle a los lectores de estas líneas a las que recurren asiduamente –grata sorpresa para mi-, que Brasil no es el único estado Latinoamericano que en estos momentos se encuentra bajo un asedio reaccionario utilizando además, el shock como arma fulminante para romper los procesos políticos contrarios a los intereses tradicionales de las burguesías y oligarquías locales.

Brasil, Venezuela, y Bolivia son pues las tres de las batallas que llevan el imperialismo y los intereses reaccionarios sobre el enorme tablero de juegos que es el mundo.

Mañana Jueves, 1er día del mes de septiembre, se espera una marcha que pretende generar conmoción en la vida nacional –similar a lo que ocurrió el 11 de abril de 2002-, y a raíz de la misma, imponer, como en Brasil, un nuevo gobierno de facto sustentado en la política del shock para aplacar la conciencia colectiva a la vez, y a la vez, abrir las puertas para que los extremistas –de derecha- se apropien de lugares importantes para el desenvolvimiento de la vida nacional causando letargo en los mecanismo de respuesta que irremediablemente surgen tras eventos como estos.

El shock como política, es altamente eficiente cuando se posee o el monopolio de las armas, o una buena chequera. En Brasil, las fuerzas reaccionarias cuentan con ambas, en Venezuela, las mismas fuerzas solo cuentan –eso creemos- con la ultima de estas dos. Sin embargo, el tercer frente de esta batalla, el tercer reino si queremos recordar la epopeya de Cao Cao, Bolivia, es una autentica incógnita.

La violencia de las fuerzas reaccionarias en Bolivia en más radical que la semimediatica-semifanatica de los guarimberos venezolanos –de quienes sigo pensando lo que escribimos en el artículo anterior http://www.aporrea.org/oposicion/a233108.html- la toma de las minas, usando a los mismos mineros tal cual Hitler usò a los trabajadores o Franco a los campesinos, es algo que me aterra y hasta cierto punto, me hace comprender un poco más, lo profunda que puede ser la influencia de la doctrina o política del shock dentro de inclusos aquellos a quienes la misma afecta. A su vez, conocemos muy bien que el ejèrcito boliviano sigue sin ser penetrado por la política impulsada por Morales, y que su seno, sigue siendo servil y reaccionario.

Estamos, sin llamar a la conspiranoia o al falso revolucionismo que tanto daño nos hace, frente a la arremetida imperialista más violenta de la historia en contra de nuestro continente, la cual solo se puede comparar, con la reinvasión anglo ibérica tras los procesos emancipadores que se dieron desde las Provincias Unidad del Río de La Plata, hasta los 13 estados de la Unión Continental. 

Tuve la fortuna de ver –siendo apenas un niño de 11 años- como la doctrina del shock era rota por la población que debía en teoría, caer en el letargo aquel 11 de abril. Esos sucesos que marcaron mi vida –estuve en Miraflores 11 y 13 de abril-, vienen a mi con una mezcla de emociones. Si por un lado admiro profundamente lo que pasó aquellos días, también sé que las fuerzas de la reacción, no dejaran cabos sin atar como en aquella ocasión.

Lo peor que podemos hacer en estos momentos es caer en el letargo, en el odioso “Vamos a ver” o en el detestable “Si dios quiere” –El cual siempre reprocharé  por considerarlo blandengue y contrarrevolucionario-. Por el contrario me llena de vigor saber que al fin Maduro –o Padrino o Diosdado- toman cartas en este asunto e intentan romper el shock antes de que este se tienda sobre nosotros.


A la vez, no creamos que esta lucha es solo de Venezuela así como el golpe de estado en Brasil, es solo problema de Brasil, o que lo que ocurre en las minas bolivianas, es problema de la media luna y del resto del alto Perú. Ciertamente Cao Cao no vendrà a invadir nuestras tierras ni definiremos todo en la Batalla de los Acantilados Rojos en alianza con los demás amenazados. Empero, es necesario entender el trasfondo de aquellas terribles declaraciones de John Kerry, “Es momento de limpiar nuestro patio trasero”.            

domingo, 28 de agosto de 2016

Asì lo veo yo.

De marchas, contramarchas, aumentos e inflación descontrolada. O cómo no cayó el estado que debía caer. 

Por Fex López Álvarez (2da Parte) 

De niño solía ser muy curioso. Me gustaba ver el famoso índice Bursátil en RCTV.

 

Me intrigaba saber por qué el petróleo costaba 5 dólares americanos por barril cuando todo se hacía con ese maravilloso y desconocido elemento al que jugaba descubrir en el patio de la casa donde vivía para que mi madre no tuviera que ir a una cola dantesca en el Banco Industrial de Platanal a cobrar, por más de 3 años, 3500 Bs, -los cuales aumentaron a 7500 cuando aparecieron los billetes de dos mil Bs y cinco mil Bs-.

En mi mente aquello no tenía cabida. Este era el país de las maravillas, donde <<Todo el mundo gana con la privatización>>, era el país de la democracia y los bancos quebrados y la miseria y los golpes a los ancianos que exigían una pensión con sabor limosna y los barrancos y la lluvia sobre el perro que compartía los parásitos con los niños que vivíamos hacinados en los cerros de Lidice, de Petare, del 23 de Enero, de Barrio Central; de Venezuela.   

Sin embargo el asunto que más me descuadraba de aquello, es que cada infame economista que se cruzaba por aquel infame canal de TV, señalaba la imposibilidad de aumentar el salario mínimo venezolano para evitar un incremento en los precios de los productos básicos, a la par que remarcaban que la idea de congelar los salarios, era la mejor estrategia para brindar estabilidad a la maltrecha economía venezolana de la cual, hoy no se suele hablar mucho pero en mis recuerdos, era tres veces peor, aunque un poco menos indignante.

El asunto salarial es un tema sumamente sensible. Puedo sentarme frente al papel y escribir 900 páginas sobre el plusvalor solamente tras haber leído el Salario, Precio y Ganancia de los dos barbudos aquellos. Nos podemos poner a discutir sobre la subjetividad del salario y usar a la Cataluña republicana como ejemplo de Utopía. O incluso, podemos decir que el pago por horas es una bendición y que Mc’ Donalds salvó al mundo de los comerciales con aquel payaso alucinógeno y burlón.

Pero en las calles, la realidad es mucho más sensible y el asunto salarial toca las fibras de todos aquellos que hemos sido explotados por el capital privado, por el estadal, por el militarista, y por el más terrible de estos, el “boliburgues”. Aquellos que leen estas líneas –de estar familiarizados con el tema- comprenderán de qué hablo. Esperar el fin de mes o la mitad del mismo, es una situación espeluznante, humillante, y de cierta forma, macabramente esperanzadora.

¿Cuántas veces nos hemos detenido frente a una vidriera o en algún almacenador de alimentos a pensar, “Con el salario del mes próximo”? ¿Cuántos de nosotros nos hemos puesto a sacar cuentas para ajustar lo más que se pueda el delgado estipendio mientras pensamos en cuanto estará ganando el –por lo general mediocre- que se encuentra por sobre nosotros? O como a los marxistas más ilustrativos –gracias a todos los dioses no todos son un grupo de dogmáticos religiosos- les gusta señalar, ¿Cuántas horas de tu vida, que no recuperaras, costó el par de zapatos que en menos de un año solo poseerá el 10% de su valor de cambio?

Desde que la revolución Bolivariana se hizo con el control del estado, el presidente Chávez, quien de cierta forma vivió esa terrible situación, impulsó, una serie de ajustes salariales para todos los trabajadores del país. Y si bien, esto causó ciertos movimientos telúricos en cuanto a la inflación y la devaluación de la moneda –ese maldito papel sin alma como diría Judorosky- se demostró que nos habían mentido toda la vida y que el responsable único y directo de la inflación era el aumento de salarios.

La realidad era más oscura. La economía se maneja bajo hilos densos y titiriteros perversos.

No es necesario hablar de los 19 aumentos salariales combinados entre Chávez y Maduro, así como tampoco es necesario tendernos sobre la mecánica encontrada por la derecha para carterizar precios de forma muy alta y a la par, causar inconvenientes absurdos en la producción y distribución de los productos necesarios para vivir bajos los entandares de la sociedad moderna –en la cual yo quiero vivir-.

Cuando me enteré de un nuevo aumento salaria esgrimido por el presidente Maduro pensé por un momento que se trataba de una bravuconada. Y es que un aumento del 50% sobre todos los salarios de todos los trabajadores del país, no puede hacer  sino ponernos a pensar muy profundamente.

Es claro que el vendedor de perros calientes que trabaja en la esquina, que gana 7mil Bs. semanales trabajando de lunes a sábado de 5 de la tarde a 12 de la noche, merece un aumento, esto a pesar de que en su trabajo no produce nada. Está claro que una enfermera en un hospital, merece más que los 14 bolívares algo en los cuales está el salario mínimo venezolano a la hora de publicación de estas líneas.

Mi problema no es ese, mi problema es que esta medida también aunará a un montón de improductivos, mediocres, burócratas, y lastras para la revolución bolivariana. Por ejemplo, un cargo medio, digamos director general de una alcaldía en un pueblo entre los llanos y la zona industrial. Un sujeto enteramente innecesario, parasitario, charlista y vividor, cobra hoy, 30 mil Bs. quincenal, eso quiere decir, que a partir del jueves, ese sujeto, que debería ser condenado por la revolución, va a cobrar ¿45 mil bs?

Es decir, mientras a algunos, debido a los mecanismos de la guerra económica, este aumento nos va ahogar aun más, los (introduzca nombre aquí) del país van a poder comprar un saco de arroz solo con una quincena.

Dentro de la economía rentista, capitalista, y de derecha, que parecemos incapaces de superar, es de esperar que la carterizacion de los precios de los productos, a partir de la quincena proxima, sea abrumadoramente agobiante, especialmente para desempleados, independientes y tercerizados o  sub contratados.

No me gustaría terminar estas líneas –mucho mas largas de lo que acostumbro- de una forma tan enteramente pesimista. Creo que tras el ajuste de precios visto, esa medida era justa y necesaria. Sin embargo, me uno a las voces de aquellos que exigen una congelación inmediata de precios, a la par que, exijo junto a muchos más, que el incremento en cuestión no sea igualitario para los que se esfuerzan cargando sacos de arroz en un mercado, y los que se sientan con las piernas estiradas en una oficina con aire acondicionado a enviar animaladas en Twitter.     
 



       

    

viernes, 26 de agosto de 2016

Así lo veo yo

De marchas, contramarchas, aumentos e inflación descontrolada. O cómo no cayó el estado que debía caer.


Por Fex López Álvarez


(1era Parte)


No he querido dar centimetraje a los dos grandes acontecimientos que se presentaran la próxima semana porque fundamentalmente no creo que serán tan grandes como aquellos que les esperan con ansias desaforadas, lo estiman.

Ciertamente me refiero a la dichosa marcha del primero de septiembre convocada por la oposición política venezolana y al aumento del 50% sobre los estipendios de todos los trabajadores asalariados de la republica.

Es difícil escribir en torno a dos eventos que no han ocurrido y sobre los cuales se sustentan muchos mitos. Por lo cual, estas letras serán un poco más largas de lo que acostumbro a realizar en estos artículos que ustedes han seguido constantemente.

Iniciaremos con la “Toma de Caracas”, no porque crea que será determinante para lo que pueda pasar en el país en los próximos meses, sino porque a raíz del anuncio de la misma, son muchas las gotas de agua que han llovido sobre los charcos.

Pese a que difiera profundamente de lo que motivó la estrategia de “La Salida”, creo –y creo no ser el único en creerlo- que era mucho mejor estrategia política que ésta especie de pistola de un disparo que con la que los sectores más extremos de la oposición política del país pretenden derrocar el gobierno de Maduro. La guarimba fue probablemente la más brillante metodología de protestas que se ha visto en el país, teniendo en cuenta, que el estado no los reprimió con la misma fuerza con la que se acostumbró a suprimir los minúsculos alzamientos populares durante la 4ta república.

Sin embargo, su abrupto fracaso, más las consecuencias dentro de la clase media –motor de este grupo político- causadas por la “Guerra Económica”, o la comprobada absoluta inutilidad de la victoria electoral del 6-D, no permiten ni de cerca, una nueva alzada como esta. Además es claro que el estado no lo permitirá.

También es claro que esta manifestación convocada por los radicales de esa derecha, ha tenido que ser apoyada por los sectores electoristas de la misma derecha para no quedar rezagados ante sus oponentes, a los cuales, solo los une el enemigo común.

Hay quienes hablan de convocar a un millón de personas y de encabezar una especie de resurrección de los eventos que llevaron a la caída del muro de Berlín o a la caída de 48 horas del último caudillo de la historia venezolana.

La realidad es un poco más cruda. La oposición venezolana no puede convocar a un millón de personas (El chavismo tampoco), y mucho menos tiene la capacidad de con una marcha de un día, derrocar violentamente (como todos los que asistirán a la marcha en cuestión sueñan)  a un gobierno, que haciendo uso descarado de la demagogia populista adeca y del letargo imperialista, se hace cada día más estable.

Si bien, creo que la oposición puede convocar a incluso poco más de cien mil personas a las calles (lo que es admirable), es importante acotar las tres fallas fundamentales que tiene este plan.

Para los que conocemos de béisbol, esta marcha es idéntica a un squid play suicida. Para los que no conocen el argot, se los dibujo: Noveno episodio, dos hombres fuera, uno en tercera, el equipo pierde por una y con dos strikes en la cuenta, el bateador es ordenado a tocar la bola mientras el que está a 90 pasos intenta robar el home. Esto seria en pocas palabras, una medida desesperada y absurda para tratar no de ganar, sino de empatar el juego.

Ese creo yo, es el primer error de esta marcha, arriesgar todo a una sola movida que no saldrá bien a menos que ya se haya negociado con el sector militar. Pero si triunfan, y derrocan a Maduro, ¿como van a sostener a los chapistas y al ejército que esta vez irían mucho más lejos de lo que fueron el 13 de abril? o peor para ellos aun, ¿imaginan la carga de decepción en sus filas si a las 6 de la tarde no ha pasado nada?

Se puede comprender perfectamente el teatro que hay dentro de la política venezolana, pero no anunciar, el final de la marcha en si, es un absurdo de proporciones épicas, que aunque ha causado gran emoción en los incautos o molestos cañoneros quienes creen que tendrán la cabeza –literalmente hablando- de Maduro al final de la jornada, lo único que puede lograr es que la manifestación se de cómo prohibida o que no esté protegida por los cuerpos de seguridad del estado, lo que puede funcionar perfectamente para los intereses de los verdaderos marchantes del día, los radicales.

La última falla que advertí dentro de ésta marcha, es la que creo más importante para desembocar en el enorme fracaso que esta representara; le han dado demasiado tiempo al chavismo para organizarse en torno a esta fecha. Ahora se les viene encima una serie de contramarchas a nivel nacional que sirven para contrarrestar el efecto mediático, comunicación al, y emocional, de su propia marcha.

Si bien para las proporciones de la misma, las conspiraciones intrínsecas en cada movilización de un movimiento subversivo, y la expectativa que se debe crear (cual esperanza religiosa) en los militantes de cada movimiento político, tres semanas de anticipación es una soberana muestra de incapacidad política.

La oposición decidió simplemente renunciar al elemento sorpresa y a cambio, les han prohibido la entrada al municipio libertador, los militares les han dicho que no va a haber cambio de gobierno, y el chavismo (cada vez más fuerte dentro de este periodo de enorme debilidad), también tomará las calles.


Claro, todo esto puede ser solo palabrería de un gordo barbudo de cabello largo, y esta marcha se convertirá en un hito democrático bla bla bla. O puede ser el inicio de una época de resistencia violenta similar a “La Salida” tomando esta vez las instalaciones de la asamblea nacional y otras instituciones del Estado. Sin embargo, si me tocara apostar en esta partida, iría contra la MUD, que a mí entender, intenta morder 10 veces más de lo que puede tragar.